• Eduardo A. Saldivia

Ecumenópolis

No sólo la pandemia se ha vuelto un problema global, donde encontramos a los alcaldes de las partes más distantes del mundo compartiendo experiencias en la búsqueda de nuevas soluciones, como si todas las ciudades fueran similares. También encontramos médicos de países diferentes desarrollando posibles estrategias sanitarias que le pueden servir tanto a un galeno en Madrid como a uno en Medellín. En el caso de la planificación urbana la cosa no es diferente, si bien las realidades tienen matices que suelen ser muy contrastantes, en términos de pobreza, marginalidad o viviendas precarias e informales. Frente a los problemas en común, todos los profesionales dedicados a pensar el futuro de las ciudades empiezan a coincidir en cuáles son las mejores decisiones que deberían tomar frente a la nueva realidad que nos impuso la crisis del Covid-19.


En realidad, deberíamos dejar de pensar que todos somos diferentes, y asumir que el mundo entero es una gran ciudad. Una ciudad empieza y termina allí donde llegó el hombre con su huella cultural y en nuestro planeta ya casi no quedan lugares así. Así arribamos al término ecumenópolis, una ciudad grande como el mundo mismo, que no necesita ser como los que vimos en las películas de ciencia ficción, cubierta de smog o con rascacielos de 1000 metros (y autos voladores).


Esta percepción de que todos tenemos los mismos problemas y necesitamos las mismas soluciones, adaptadas siempre a la realidad de cada uno, fue lo que llevó a Jennifer Keesmaat -directora de Planeamiento Urbano de Toronto- a proponer un manifiesto que sirva de guía para todos los planificadores urbanos, en principio, al menos a los de Canadá.


Así, se presentó la semana pasada la llamada Declaración 2020, firmada por alcaldes, planificadores urbanos y arquitectos, instituciones académicas, entidades intermedias, artistas, empresarios y ambientalistas.


Entre sus principales puntos se destaca:


1) Garantizar el uso responsable de la tierra. Rezonificar las ciudades tendiendo a que sean más compactas y no se sigan dispersando con nuevos barrios residenciales en las afueras. Avanzar en una descentralización que permita a los vecinos resolver sus trámites cotidianos sin alejarse a mas de 15 minutos de distancia de sus hogares.


2) Acelerar la descarbonización de nuestros sistemas de transporte. Dar prioridad a la transformación de las calles existentes para que sean usadas por peatones y bicicletas tanto para el período de cuarentena como después, atendiendo especialmente a las personas con movilidad reducida y ancianos. Que las ciclovías sean una opción de movilidad segura para personas de todas las edades. Incentivar el uso del transporte público y tender a que las flotas de vehículos del sector público sean eléctricos.


3) Abrazar la sostenibilidad en nuestros entornos construidos y naturales. Requerir que todos los edificios nuevos del gobierno estén homologados en su eficiencia energética y ordenar el calendario para una conversión de los edificios ya existentes.


En todo momento, Keesmaat tiene en claro que una ciudad es una construcción interdisciplinaria y para poder convertir sus propuestas en hechos, se apoya en diferentes disciplinas para llegar a los decisores y gestores de cada comuna.


Misiones no es ajena a esta realidad, su capital está entre las ciudades más importantes de Argentina, y en sintonía con lo que pasa al otro lado del continente, también -desde hace unos meses- viene organizando un colectivo bajo el deseo de repensar el futuro de nuestra ciudad hacia una Posadas Ciudad-Parque.


Con el título de “queremos sombra” se agrupan una serie de propuestas que buscan colaborar en orientar el rumbo de nuestra capital -y de cualquier ciudad misionera que quiera sumarse- hacia una metrópolis resiliente frente a las crisis, como la del coronavirus, y con un desarrollo sostenible en el tiempo, a partir del cuidado del medio ambiente.

Estas propuestas vienen siendo tema de discusión en mesas redondas, reuniones con funcionarios y publicaciones, entre las que se incluye esta columna. Actualmente las propuestas de “Queremos Sombra” cuentan con la adhesión de intelectuales, periodistas, médicos, arquitectos y estudiantes de arquitectura y destacados actores locales, y se espera ir sumando el acompañamiento de la opinón pública en general.


Desde el comienzo de la pandemia actual, algunos analistas hablan del fin de la globalización, pero evidentemente este proceso de desglobalización es temporario y durará lo que duren las fronteras cerradas.


En definitva, podemos ver que este nuevo paradigma donde se consolida el teletrabajo, crece a pasos agigantados la educación a distancia, y estamos consumiendo sólo lo que realmente necesitamos, también sirve unirnos para unirnos en paz, sabiendo que todos estamos habitando una misma casa común.


Como dice Keesmaat: ¿Si no es ahora, cuándo?



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