• Eduardo A. Saldivia

El motor de la historia

El inicio de un nuevo tiempo está marcado por muchos episodios que se suceden juntos y van jalonando ese cambio de época. Es evidente que estamos participando del comienzo de una nueva era y una serie de hitos actuales nos permitirán ubicar este momento en la historia.


Era Fiedrich Engels quien reflexionaba sobre esto en 1888 y escribía que cada cambio de paradigma podía identificarse claramente porque todos estos procesos siempre atraviesan metódicamente el mismo esquema. El filósofo alemán -maestro de Marx- llamaba a ese esquema el motor de la historia; el problema lo tuvo cuando cayó en la cuenta que quien puso en marcha ese motor sólo pudo haber sido Dios, pero eso es tema para otra columna.


Algunos hechos, entonces, nos marcan y se vuelven claros referentes del cambio de paradigma, como la crisis del Covid-19, donde se evidencia una reformulación de conductas, de prioridades y seguramente nos marque la dirección hacia donde vamos en cuanto educación, trabajo y salud en los próximos veinte años. Lo mismo sucede con los cambios en nuestros hábitos de consumo, hoy compramos lo verdaderamente necesario y dejamos en jaque a una economía que nos vendía buzones y la obligamos a repensarse.


Sin embargo, este nuevo rumbo no lo recorreremos de la manera de la que estamos acostumbrados, avanzamos como sociedad hacia un futuro cuando, además de aquellos cambios que nos impone el coronavirus, también están puestas nuestras aspiraciones.


La pandemia no nos obliga a hablar del cambio climático, de dejar atrás cualquier tipo de discriminación o de aventurarnos a explorar nuevos mundos. Sin embargo, estos aspectos también serán protagonistas del nuevo paradigma que comienza y es muy probable que estemos tan adentro que no podamos verlo en perspectiva y ser conscientes de la importancia del tiempo que estamos viviendo.


En esta nueva normalidad volveremos a explorar las fronteras conocidas por el hombre. 

Podemos ver que nuevas generaciones están tomando la posta en exploración espacial, este fin de semana los astronautas de la Nasa viajaron a la Estación Espacial Internacional en el cohete de una empresa privada de jóvenes ingenieros. Los astronautas parecían dos padres buscando a sus hijos a la salida de un recital. 


Los gobiernos ya no controlan el espacio y eso los tiene nerviosos, en estos meses el presidente Trump y su par japonés decidieron crear en sus países nuevas fuerzas armadas. Al ejército, la fuerza aérea y la armada, ahora se suman las fuerzas espaciales, en una búsqueda por militarizar y controlar a los privados en sus aspiraciones de llenar el cielo -por ejemplo- de satélites civiles que democraticen las telecomunicaciones. El multimillonario Elon Musk también trabaja en organizar serias expediciones científicas y con fines comerciales a la Luna y Marte.


En esta nueva normalidad no continuaremos destruyendo el único planeta que tenemos, ni permitiendo que nuestras comunidades sean el caldo de cultivo para seguir contagiándonos el actual o cualquier virus. 


Avanzamos hacia ciudades sanas y con un desarrollo sostenible. Con soberanía alimentaria, que nos permitan comer bien y sin depender de agroquímicos. Con transportes públicos que reduzcan al mínimo su huella de carbono en el ambiente, aprovechando la movilidad activa. Y con viviendas dignas para todos, que se apoyen en el uso de energías y recursos renovables. 


Todos formamos parte de esta construcción colectiva, poniendo en el lugar de igualdad que se merece a la mujer y participando de las decisiones a niños, ancianos y discapacitados.


En esta nueva normalidad no volveremos a dejar que se discrimine a ningún ser humano, el eco de Gandhi y Luther King nos invita a dejar el pasado atrás definitivamente en este sentido. 


Por estas horas, en todo el mundo se están sucediendo manifestaciones pacíficas afirmándolo. Gente cansada de ver el drama de las muertes por cientos cada día, no admite un muerto más -menos por racismo- y se solidariza con la comunidad afroamericana de los Estados Unidos.



Es notable ver a instituciones, empresas, clubes, hacer comunicados públicos -sin que nadie se los pida- expresando su compromiso y su apoyo a esta necesidad de terminar con la discriminación.


En conclusión, los vientos de cambio llegaron para quedarse, los hitos que lo demuestran están frente a nosotros y tenemos la suerte de poder ser los protagonistas de un futuro que puede ser como el que siempre imaginamos.


Depende de nosotros.

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