• Eduardo A. Saldivia

¿En qué estamos pensando?

Las noticias empiezan a contarnos las primeras respuestas a la realidad poscoronavirus y nos dan una pauta de cómo podría ser nuestra vida cotidiana en el futuro.


En Río de Janeiro, Seúl y en Nueva York ponderan el resurgimiento de los autocines, remarcando que, adaptados a los nuevos tiempos, ahora cuentan con la posibilidad de vender sus boletos por internet.



Sin embargo, la propuesta más asombrosa llega de la empresa turca Dahir Insaat y lo que ellos llaman el drive market. En esta modalidad, un supermercado se parece más a una estación de servicio. El vehículo ingresa a una dársena, donde el conductor hace su pedido de artículos, más adelante retira los productos, y sigue su camino. Como un automac, pero con productos del almacén.


Evidentemente, repensar una nueva realidad y volcarnos hacia un modelo sostenible, de manera que pueda perdurar de manera saludable en el tiempo, no es la prioridad para aquellos que siguen queriendo mantener el protagonismo del auto particular.


El mercado sabe que el uso del combustible fósil está en extinción, el precio del petróleo está en un piso histórico y los barriles que se vencían en mayo se vendieron a -2,00 dolares. En otras palabras, te pagaban para que te los lleves. Mientras tanto, Argentina no tiene en su agenda mudarse a energías limpias, no hay fechas previstas -como en otros países- para sacar los autos a nafta de circulación.


Las automotrices quieren vendernos los autos eléctricos como la solución al problema, como si así fuéramos a dejar de padecer embotellamientos en horas pico o fuéramos a conseguir más lugar para estacionar.


Por otro lado, en nuestro país sufrimos el drama de las motos. Durante los últimos dos meses, el 80% de las muertes por siniestros viales a nivel nacional fueron en moto. Y ya preocupaba a las autoridades que, antes de la cuarentena, las motos protagonizaban el 50% de los accidentes fatales.


El futuro de nuestras ciudades está en el transporte público, accesible, barato y rápido. Con frecuencias y comodidades que nos alienten a usarlo. Que sea inclusivo, de manera que los pasajeros puedan usarlo con seguridad a cualquier hora del día, sean niños, mujeres o estudiantes.


Si bien los subtes -por ejemplo- pueden facilitar el contagio del virus, con prevención e higiene se puede hacer mucho por frenarlo. El verdadero desafío que plantea el Covid-19 al transporte público no es dejar de usarlo, sino usarlo lo menos posible y mantener baja su ocupación.


En realidad, el paradigma poscoronavirus es que -de ahora en más- siempre salgamos de casa lo menos posible.


Y para lograrlo, necesitamos complementar nuestra movilidad urbana recurriendo a otras opciones para trasladarnos de un lugar a otro.


La capital de Misiones tiene todo dado para ser una ciudad pionera en el transporte multimodal. Ha ido educando a sus ciudadanos en utilizar un sistema público de bicicletas, con ciclovías adecuadas. Les ha devuelto la posibilidad de recurrir un transporte fluvial moderno para trasladarse a ciudades cercanas, revalorizando el río. Incluso este fin de semana, los vecinos de Posadas pudieron caminar por calles cerradas al tránsito vehicular y convertidas en peatonales.


Llega el momento de pasar al siguiente nivel de los fines recreativos y de esparcimiento, y que podamos empezar a usar todas esas modalidades para ir a trabajar y a estudiar.

Así como el tren será una alternativa muy pronto y no será sólo para un paseo. Imaginemos retirar una bicicleta en el Parque de la Salud y devolverla en el Parque Paraguayo.


Catamaranes que nos lleven a Ituzaingó, Candelaria o San Ignacio con horarios fijos y frecuencias. Un microcentro con calles cerradas al auto particular, donde podamos caminar de un trámite a otro manteniendo la distancia social.


Así, no pasará mucho tiempo para que un metro ligero una el este con el oeste más allá del arroyo Mártires o nos lleve desde Itaembé Miní hasta la terminal de avenida Quaranta.

En definitiva, no todo depende del colectivo, y sólo así alcanzaremos el verdadero transporte integrado que el área metropolitana se merece para este nuevo mundo que comienza.

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