• Eduardo A. Saldivia

¡Ley de Humedales ya!

El escurrimiento de las aguas en el territorio es un tema que debe ser profundamente estudiado y gestionado con mucha atención, tarea en particular atendida por las administraciones de las cuencas hídricas, la red ríos y arroyos que atraviesan la ciudad. Ya que estos cursos de agua pertenecen a un ecosistema, con la vida sirviéndose de él para subsistir y forman parte de sistemas climáticos, encauzando el agua de lluvia.


A lo largo del desarrollo urbano se ha ido decidiendo entubar o cerrar con calles los arroyos que atravesaban las ciudades, negándolos y aislándolos de esos ecosistemas a los que pertenecen o -peor aún- acotando las posibilidades de un eficiente desagüe ante una tormenta.


La tendencia actual es volver a dejar a cielo abierto los cursos de agua, generando corredores verdes y parques lineales que los acompañen a lo largo de su travesía dentro de la jungla de cemento. Así es como nos encontramos con otra pieza fundamental en este engranaje que son los humedales. Para que podamos visualizarlo rápidamente, son lagunas aparentemente secas y pantanos que eventualmente, por ejemplo con lluvias extraordinarias, se vuelven a llenar.


Las administraciones de cuencas hídricas han ido permitiendo explícitamente o por omisión que estos espacios terminen cayendo en manos de la especulación inmobiliaria y el desconocimiento y muchos terminaron siendo rellenados. En varios municipios argentinos esos terrenos rodeados de naturaleza sufrieron movimientos de suelo para construirles barrios privados encima o fueron ocupados por naves industriales. El resultado de todo esto fue que, ante eventos climatológicos extraordinarios, el agua de lluvia se encuentra con cuellos de botella, verdaderos embudos que generan caos dentro de cualquier trama urbana.


Producto del Cambio Climático, todas las tablas técnicas vigentes para el correcto dimensionamiento de los desagües de agua de lluvia quedaron viejas, actualmente las instalaciones pluviales están recibiendo el 150% de la cantidad de agua que esperaban recibir y como reflejo de esto podemos ver que las lluvias esperadas en Posadas para enero son de 150 milímetros y este mes que paso tuvimos 240 milímetros o el equivalente al 160% de lo esperado. Ahí es cuando encontramos que, en las ciudades que no se protegieron sus humedales, tienen la avenida principal con un metro de inundación y salen en todos los diarios.


Una manera que tenemos de ayudar a la naturaleza en el correcto desagüe del agua de lluvia, controlando un escurrimiento adecuado, aun ante eventos extraordinarios, es a través de los techos verdes. Ejecutados correctamente, con los sustratos adecuados, trabajan como suelo absorbente, desagotando pausadamente y no volcando a la calle inmediatamente toda el agua colectada.


También se vuelve imprescindible que se dejen libres los laterales de un arroyo hasta llegar cinco metros mas arriba de su orilla habitual, dándole margen para eventuales crecidas. Esta franja de tierra lamentablemente suele ocuparse por viviendas informales, en condiciones precarias, convirtiéndolos en los primeros damnificados y la población más vulnerable ante las crecientes de los arroyos y ríos. Pero no es una cuestión de recursos, también encontramos vecinos acomodados que suelen adueñarse de la zona de inundación de un arroyo alambrándolo como propio y no respetan ni siquiera el camino de sirga. La ley nacional establece que los cursos de agua son de todos y cualquier ciudadano debería poder caminar por sus orillas, sin entrar en el terreno privado de nadie, una margen pública similar a la vereda de una calle, que raramente se cumple.


Reconociendo la importancia de los humedales, tanto para el escurrimiento natural de las aguas, pero sobre todo, por su relevancia para el ecosistema donde están inmersos, el 2 de febrero de 1971 se firmó el Convenio de Ramsar, ciudad iraní situada a orillas del mar Caspio, donde se realizó la Convención sobre los Humedales que reconoció su rol clave para que las comunas puedan alcanzar un desarrollo sostenible. Hacia 2011, 160 países ya adherían a este convenio, incluida la Argentina, lo que motivó a que hoy se recuerde este día mundialmente.


Lamentablemente, durante el último año hemos visto la quema intencional de pastizales dentro de estas áreas, por ejemplo en la ciudad de Rosario, buscando imponer un cambio en los usos del suelo y justificar su urbanización posterior. Algo alarmante que se repitió en otras ciudades a lo largo del río Paraná e impulsó con urgencia la necesidad de una Ley Nacional de Humedales que pueda contener la especulación y el irreversible atentado a nuestra biodiversidad, proyecto de ley al que adhiere la provincia de Misiones.


En Posadas contamos con uno de los mayores humedales que puede tener una capital argentina dentro de su jurisdicción, el humedal del arroyo Zaimán, que recientemente se encuentra protegido a nivel provincial. Pero también hay otros cursos de agua como el Mártires y su bosque en caverna, que pueden volverse áreas naturales protagonistas de nuestro desarrollo sostenible en un futuro cercano.

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