• Eduardo A. Saldivia

Municipios frente al cambio climático

Cuando pensamos en las ciudades, muchos coincidimos en que son el mejor invento del hombre, ya que en ellas vive el 60% de la población mundial y han sido los verdaderos motores del desarrollo y de la reducción de la pobreza en el mundo entero. Y aunque sólo ocupan el 2% de la superficie de la tierra, consumen el 60% de la energía global, emiten el 70% de los gases que producen el efecto invernadero y el 70% de la basura en el mundo.


Desde la convención que realizó Naciones Unidas en 2016, se propuso revisar la forma en que planificamos, desarrollamos, gobernamos y administramos nuestras ciudades, de manera que puedan volverse más inclusivas, seguras, resilientes y sostenibles. A este declaratoria surgida en la tercera convención sobre el hábitat realizada en Quito se la llamó Nueva Agenda Urbana y está compuesta por una serie de acciones en concordancia con los objetivos de desarrollo sostenible para el 2030.


La NAU avanza en temas como políticas, legislaciones y planificación urbana, economía y finanzas municipales y la implementación a nivel local. Es que más allá de tener el respaldo de organismos internacionales como ONU-Hábitat, una Coordinación de Políticas Sociales a nivel nacional o un Ministerio de Ecología a nivel provincial, quienes verdaderamente son los agentes de cambio y quienes llevarán adelante el proceso de mejorar nuestras ciudades son los municipios, tanto los intendentes con su equipo ejecutivo como los Concejos legislativos.


Conscientes del rol protagonista que tiene las comunas en poder afrontar estos desafíos, en nuestro país contamos con la Red Argentina de Municipios frente al Cambio Climático (RAMCC), que hoy tiene convenios firmados con cerca de 250 municipalidades, las cuales trabajan en conjunto dentro de esta red retroalimentando los procesos para lograr ciudades que se adapten a los nuevos tiempos.


Una manera de encarar este proceso es a través del llamado Plan Local de Acción Climática, este plan consiste en ordenar todas las diferentes etapas que llevan a un municipio a que cumpla con mucho de lo que se propuso en aquel encuentro en Ecuador.


El primer paso consiste en definir la huella de carbono que tienen nuestras municipalidades, una oficina promedio puede consumir 120 kilos de papel por año, y un auto promedio en el parque automotor de cualquier dependencia emite unos seis mil kilos de gases nocivos por año. Si multiplicamos estas -y otras cosas- por la cantidad de oficinas que tenemos o por la cantidad de vehículos con los que cuenta nuestro municipio, obtendremos lo que llamamos nuestra huella de carbono.


Allí podremos comenzar con la etapa de Mitigación. Se trata de mejorar el funcionamiento de nuestra municipalidad, revisar -por ejemplo- cuáles son los trámites que realmente necesitan tener un papel impreso y cuáles podrían empezar a realizarse con un soporte electrónico, o a través de aplicaciones. De la misma manera, ver qué vehículos podrían cambiar sus recorridos para consumir menos combustible, y qué tareas podrían realizarse con motores de menor porte o menor cilindrada.


Así llegaremos a un punto donde ya estaremos teniendo un ahorro para las arcas comunales sin haber invertido un peso, solo partiendo de optimizar racionalmente los procesos habituales, y habremos reducido notablemente la huella de carbono que deja nuestra municipalidad para poder funcionar.


La fase final es la de Adaptación. En esta etapa, invertimos y -por ejemplo- agendamos instalar paneles solares, energías renovables que complementen el suministro eléctrico de la red. Una transición paulatina a vehículos eléctricos y si queda algún caso, como puede ser un auto híbrido para viajar a lugares donde no cuenta con posibilidad de recargar su batería, o una dependencia donde se tiene que seguir imprimiendo documentos, se crea lo que se llaman: bosques compensadores.


En esos espacios, por cada 60 kg de papel que se consumen se planta un árbol para reponer el consumo y por cada 1500 kilos de gases que emite un auto hibrido al año, se plantan cien árboles, ya que se estima que un solo árbol captura en el orden de los 15 kilos de gases nocivos en ese período de tiempo.


Así logramos finalmente equilibrar la balanza y todo lo que contaminamos, lo reponemos al ecosistema, evitando así deteriorarlo. A esto se lo llama una Municipalidad Carbono Neutral, nombre de una homologación que entrega el Pacto Global de Alcaldes por el Clima y la Energía.


Como conclusión, debemos considerar oportuno que los municipios de la provincia de Misiones, en la cual albergamos el 40% de la biodiversidad del país, empiecen a volcarse a certificar estos procesos, ya que -como mencionaba al comienzo- son ellos los verdaderos agentes para un futuro que atienda la protección de nuestro ecosistema.


Misiones destina casi la mitad de su territorio al cuidado del medio ambiente y es imprescindible que los municipios empiecen a asumir el rol que tienen en esta década de acción cuyo lema es: no dejar a nadie atrás.



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