• Eduardo A. Saldivia

Vivir en modo creativo

Cuando hablamos de nuestra infancia, todos los profesionales de la arquitectura solemos tener los mismos juegos, películas, o libros en común que nos han ido delineando el camino de la vocación. Es sorprendente que todas esas influencias tengan que ver con el ingenio. En muchos casos se trataba de esos juegos en los que cada uno tenía que rebuscárselas para lograr lo que quería. Tal es el caso de los bloques de encastre tipo Lego o Rasti, donde el fabricante te ofrecía todo un abanico de piezas y el auto, el helicóptero o el robot corría por cuenta del interesado. Lo mismo sucedía con la colección de libros Elige tu propia aventura, donde uno va saltando de una página a la otra en base a las decisiones que va tomando y el guión que cada lector reconstruye es diferente. En el cine la cosa pasaba más por la ciencia ficción, con películas que eran más ciencia que ficción o viceversa, según los gustos de cada uno.


En definitiva, todo se trataba de lo mismo: la creatividad.


La realidad de los estudiantes de arquitectura, hoy por hoy, es bien diferente. El mundo de los videojuegos se volvió protagonista. Ahí es cuando nos encontramos que los chicos comparten una vocación y también comparten el gusto por los mismos videojuegos, y en este sentido el fondo es el mismo, aunque la forma cambie.


Los videojuegos que nosotros conocemos son esos donde uno es el plomero que va por las tuberías tratando de rescatar a la princesa, o un piloto a bordo de un fórmula uno tratando de llegar primero. En definitiva, se asume un rol que le dan. Pero algunos juegos además traen lo que se conoce como modo creativo, una parte del programa donde uno puede meterse y cambiar las cosas. Por ejemplo, hacer tu propia pista de carreras a tu gusto, con curvas muy cerradas que sean un desafío o rectas bien largas para poder acelerar a fondo. Después, saliendo de ese modo creativo, se puede volver al juego normal, a correr carreras con amigos en esa nueva pista creada. Muchas veces las pistas modificadas son más divertidas que las hiperrealistas que trae el juego.


En este sentido, hay dos títulos que realmente influyen en la formación de los nuevos arquitectos y pueden acompañar didácticamente un proceso de diseño.


El primero es el Sims. A primera vista, el atractivo de este programa parecen ser sus personajes, ya que están realizados con una muy avanzada inteligencia artificial. Los personajes se alegran, se pelean, se cansan y el objetivo del juego es que a nuestros personajes les vaya bien, ayudándolos a cumplir sus deseos. En su modo creativo, el juego nos permite construir las casas para esos personajes. Uno puede realmente pasarse horas haciéndola y ver si estos personajes se sienten contentos de vivir ahí o no. Los invito a que prueben ponerlos a vivir en la casa de cada uno, que ellos les van a dar buenas muy ideas para modificar sus hogares. Fue curioso ver a uno de estos sims enojado porque mi comedor diario tiene poco espacio para pasar cuando todos están sentados comiendo.


Y el otro juego clave, que sin dudas va a marcar a esta nueva generación de colegas, es el Minecraft, donde uno es un personaje en el medio de un entorno natural y tiene que sobrevivir. El nombre hace alusión a que en las minas encontraremos muchos de los elementos que usaremos para hacer nuestras herramientas y poder subsistir. A lo largo de varias horas de juego, uno será muy afortunado si ya logró construir una guarida con ramas y dispone de un poco de fuego.


Pero para estos chicos, lo verdaderamente apasionante del juego es su modo creativo. Allí no hay limitaciones de presupuesto ni de materiales y se pueden crear construcciones para que los personajes sobrevivan mucho tiempo aprovechando el ingenio para vivir en armonía con el ecosistema que los rodea. El entorno natural en el que te toca desarrollar tu partida es clave, en el juego se llama bioma y puede ser bosque, selva, o desierto, entre otros. Y nos da una lección muy sana sobre el cuidado del planeta y respetarlo. No creo que quede obra de arquitectura que no esté disponible para bajar y probarla en Minecraft.


Por último, estas nuevas tecnologías se basan mucho en la programación. No olvidemos que detrás de todo esto hay un lenguaje de códigos que a los chicos les puede apasionar y donde tenemos que ir definiendo, por ejemplo, qué pasa si le echo agua al fuego, cuántas rocas puede levantar mi personaje y una cantidad interminable de reglas binarias que nos condicionan. Los números son el lenguaje de la naturaleza y cuando afirmamos que estudiar matemáticas nos enseña a pensar, lo podemos comprobar con estas experiencias.


Los arquitectos vivimos la vida en ese modo creativo y todos los diseñadores lo hacen. Hay un gen que nos impulsa a no quedarnos que lo que nos fue dado de fábrica, esa vocación que nos anima a imaginar cómo podrían ser diferentes las cosas para que tengamos todos un mundo mejor y buscar la manera de llevarlas a cabo, no importa si eso nació en nosotros con el Meccano o con el videojuego de un minero.



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